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Ahora que está próximo el comienzo del nuevo curso escolar para todos los chavales, es buen momento para echar la vista atrás y conocer cómo estudiaban nuestros antepasados, con qué medios contaban y cómo eran sus "colegios".

Nuestro padres y abuelos nos pueden contar como era en sus tiempos, por eso nos remontaremos un poquito más en el tiempo: veamos cómo era, pues, la enseñanza en Méntrida a comienzos del s. XX, entre los años 1915 y 1935. Pero antes he de exponer la dificultad para hablar de esta época, ya que no han llegado a nosotros documentos propiamente dedicados a la educación (ni actas, ni informes o memorias, ni calificaciones, ...) por lo que todo lo que a continuación se expone se obtuvo a través de la lectura de cientos y cientos de hojas de los libros de Actas del Archivo Municipal, en las cuales, sólo de vez en cuando, aparecían referencias al mundo educativo. Con todo ese material elaboré un libro del cual ahora sólo extraigo breves comentarios y anécdotas.

Para empezar, por aquellos años existía un Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes, con su legislación y los correspondientes inspectores de 1ª Enseñanza, pero los responsables verdaderos de la educación eran los Ayuntamientos, que a partir de sus presupuestos, elaborados cada final de año, y a través de los concejales que formaban parte de la "Junta local de 1ª Enseñanza", se encargaban de proporcionar los locales para impartir las clases, de velar por el mantenimiento y buen estado de los mismos, así como de proporcionar la "casa-vivienda" para el maestro/a o, en su defecto, una "gratificación legal" para que pudiera alquilarla (unas 10 pts. / mes).

Por aquel entonces aún no existía un gran colegio como el que actualmente usan nuestros chicos y chicas y, mucho menos, ningún centro privado, ya fuese religioso o secular. Así, la educación se va a desarrollar en escuelas unitarias (es decir, con un solo maestro / a) situadas en locales del municipio donde niños y niñas iban por separado.

Méntrida contaba a comienzos de este período con dos escuelas, una para niños, sita en la C/ de Riego nº 14 (actual C/ Eulogio Jiménez), cuyo maestro era D. Esteban Gramullaque, y la otra, para niñas, situada en la Plaza nº 1 (parte baja del actual Ayuntamiento, junto al Baluarte), cuya maestra era Dª Catalina Fernández Ortega. Como podéis observar, entre los dos profesores, se repartían la totalidad de alumnos del pueblo, que por aquella época rondaban los 400 niños/as de diferentes edades (pensad que a fecha de 3 de febrero de 1918, Méntrida contaba con 2.668 "almas"), aunque, no es menos cierto, que una gran mayoría no asistían a clase, pese a lo cual el número de chavales era elevadísimo para poder realizar una profunda labor educativa.

Esta carencia provocó que en 1924 aparezcan dos nuevos locales-escuela, uno para niños en la C/ Lepanto nº 1 (aun queda la placa que así lo atestigua) y la otra para niñas, situada en la C/ 1º de Mayo nº 58 (actual C/ Santa Teresa de Jesús), ambas con sus correspondientes casas-vivienda para los maestros.

Hasta 1932 no existirá una escuela para lo que hoy conocemos como alumnos de Educación Infantil, lo que nos hace suponer que hasta esa fecha los niños de corta edad no tenían posibilidad de asistir a clase. En esos momentos, el censo de niños y niñas de entre 3 y 7 años nos arroja un total de 242 ("129 varones y 113 hembras") y es por ello que tras las gestiones oportunas, el 16 de octubre de 1932 se decide ubicar la Escuela para Párvulos, con su casa-vivienda para el maestro/a, en la C/ de la Iglesia nº 10. Como nos podemos imaginar, aunque eran muchos los niños que no asistían a las clases, la masificación con la que se encontraba el profesor correspondiente era abrumadora.

Además de las clases habituales, en nuestra localidad existía una Escuela para Adultos, cuyo responsable hacia 1932-33 era D. Enrique Gómez, así como una Escuela Dominical Gratuita fundada y dirigida por la maestra Dª Catalina Fernández Ortega, a la que asistían generalmente los más desfavorecidos social y económicamente, aquellos que por tener que trabajar desde muy pequeños no acudían habitualmente a clases y por tanto sus desfase era importante.

Como hemos podido deducir de todo lo expuesto hasta aquí, Méntrida se merecía, por su número de habitantes, algo más que meros locales-escuela, y esa fue una lucha que los gestores municipales trataron de lograr desde, por lo menos, 1924 (siendo alcalde el Sr. Mazzantini) exigiendo la construcción de una Agrupación Escolar con seis aulas, tres de distinto grado para cada sexo, ofreciendo el solar adecuado y 15.000 pts. en metálico (una verdadera fortuna en aquel entonces), estando los propios habitantes dispuestos a colaborar en la construcción de la misma. Se continuó con la demanda en 1929 (siendo alcalde el Sr. D. Felix Arranz) ofreciendo además del solar, el 25 % del coste de la obra, que era lo que la ley exigía. Por fin, en 1932, se concede por parte del Ministerio de Instrucción Pública dicha construcción, con un presupuesto de 191.076'25 pts. de las que el Ayuntamiento debía aportar 47.769'06 pts., pero en ese momento la situación económica municipal (como la del resto del país) era gravísima, con una altísima tasa de paro, lo que cerrará el camino a dicho proyecto, lo cual no impidió perseverar en sus deseos, proponiéndose el que sea el propio Municipio quien edifique el Grupo Escolar lo que a la vez dará trabajo a los innumerables obreros parados. Se realizaron los estudios y análisis oportunos, así como se solicitaron las ayudas necesarias, pero el proyecto no cuajó, por lo que tuvimos que esperar en Méntrida hasta mediados de siglo para que se nos construyera la Agrupación Escolar "Luis Solana" en la que tantos y tantos mentridanos nos hemos formado.

Ya sabemos dónde se hallaban los edificios escolares, pero ¿cómo eran? . Partimos de que todos ellos son diferentes entre sí, pero tienen un nexo común y es que se trataba de casa de vecinos del pueblo que mediante un alquiler o una cesión y sus correspondientes reformas se destinan a este nuevo menester. Constan de una sala ocupada por pupitres bipersonales de madera (mandados por el Ministerio de Instrucción Pública) y presididos por una plataforma de madera, así como un encerado que cada cierto tiempo era pintado y alguna estantería para situar el poco material escolar existente, entre los que se hallaban por ejemplo libros comprados por el Ayuntamiento, o un aparato de proyecciones que se mandó en 1924 a la Escuela de niñas, o un gabinete de Física y Química y su manual correspondiente que en 1921 fue enviado a la Escuelas de niños, ... Como vemos los medios eran tan exiguos que el propio Inspector Jefe de 1ª Enseñanza, en una visita realizada en 1924, señala que: "la falta de asistencia de muchos niños..." es consecuencia de "... la escasez de medios con que trabajaban los maestros.

Además del espacio propiamente escolar, solía estar anexa la propia vivienda del maestro/a y el patio de la casa que servía de lugar de juegos para el período del recreo, eso cuando existía, pues, en ocasiones, como es el caso de la Escuelas de niñas de la Plaza, debían conformarse con utilizar este espacio como lugar de entretenimientos al no poseer patio propio.

Por último, y dentro de este breve repaso por la historia, nos queda la figura del Maestro Nacional. Si hay algo que le caracterizará en nuestra localidad es su estabilidad en el puesto a lo largo de los años. Quizás el caso más significativo es el de Dª Catalina Fernández Ortega, que en 1928 se la nombró "Hija adoptiva de la Villa" y se le puso una placa en la fachada de la Escuela de niñas de la Plaza, donde estuvo ejerciendo durante 25 años. Junto a la de esta figura se encuentra también D. Esteban Gramullaque (curiosamente he sido compañero en las labores educadoras de una nieta suya que también ejerce como maestra en la nuestra provincia) y la de otros como D. Rafael Montes Trapero o D. Virgilio Pérez Hernández o D. Enrique Gómez, que además de maestro formó parte del consistorio como concejal del Consejo Local de 1ª Enseñanza.

La labor de estos maestros nacionales fue totalmente elogiable pues, solos, se enfrentan con una enorme masa de alumnos(hoy que tanto se habla de que si 20 o 25 ya son muchos niños para una educación de calidad), de edades muy diferentes, al igual que sus niveles (en general muy bajos), y unido a un desinterés generalizado por la escuela, y por si todo ello fuese poco, además, ha de luchar con la falta de medios, tanto materiales como económicos. Y fue así, a fuerza de su constante labor, como se logró, de forma lenta pero constante, el desarrollo cultural de nuestra localidad, no es raro, por tanto, que se les reconozcan sus méritos, no tanto por las autoridades locales y administrativas, que lo hicieron en contadas ocasiones, sino de forma reiterada por sus vecinos, que les consideran personas respetables y respetadas y para las que siempre existía un pequeño "detalle", pese al pobreza reinante, en reconocimiento a su labor diaria.

Espero que este breve retazo de nuestra historia mentridana nos sirva para valorar lo que hoy tenemos, gracias sobre todo, al esfuerzo denodado de nuestros mayores que siempre han luchado por dejarnos un pueblo mejor pese a las carencias que la vida les ha deparado.

Desde Torrijos, un saludo de vuestro paisano Francisco Rodríguez.
Nuestro agradecimiento a Francisco,un mentridano que nos ha escrito este texto tan interesante.


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